La Academia Española de Nutrición y Dietética ha publicado una nueva Declaración de Postura en la que subraya la importancia del uso de sal yodada como una de las estrategias más eficaces, sostenibles y costo-efectivas para prevenir los trastornos por deficiencia de yodo en la población. Este micronutriente es esencial para la síntesis de las hormonas tiroideas y desempeña un papel crucial en el desarrollo neurológico y el funcionamiento metabólico del organismo.
Según el documento, garantizar una ingesta adecuada de yodo es especialmente importante durante etapas sensibles como el embarazo, la lactancia y la infancia, periodos en los que una deficiencia puede tener consecuencias relevantes para el desarrollo cognitivo y la salud futura.
La sal yodada, una estrategia sencilla y eficaz
La evidencia científica acumulada durante décadas ha demostrado que la fortificación de la sal con yodo es una de las intervenciones de salud pública más efectivas para prevenir la deficiencia de este micronutriente a nivel poblacional. Organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), UNICEF y la Iodine Global Network recomiendan la yodación universal de la sal como principal estrategia para erradicar los trastornos por deficiencia de yodo.
En España, sin embargo, la yodación de la sal es voluntaria, lo que implica que en el mercado conviven sales yodadas y no yodadas. Esta situación hace que el éxito de la estrategia dependa en gran medida de la elección del consumidor y de las campañas de sensibilización, lo que puede generar desigualdades en el acceso a esta medida preventiva.
Reducir la sal para los problemas hipertensivos y prevenir la deficiencia de yodo: objetivos compatibles
La Academia señala que las políticas de reducción del consumo de sal, clave para prevenir la hipertensión arterial y las enfermedades cardiovasculares, son plenamente compatibles con la prevención de la deficiencia de yodo.
Para lograrlo, es necesario que la sal utilizada sea siempre sal yodada, especialmente cuando se promueve un consumo moderado de este ingrediente. De este modo, se puede asegurar la ingesta adecuada de yodo sin comprometer los objetivos de salud cardiovascular.
El documento también recuerda la importancia de diversificar las fuentes alimentarias de yodo, fomentando el consumo de alimentos que lo contienen de forma natural, como pescados, mariscos, lácteos o huevos.
Atención también al exceso de yodo
Además de la deficiencia, la Academia advierte sobre la necesidad de vigilar posibles excesos de yodo, que pueden producirse especialmente por el consumo de suplementos o de determinadas algas marinas con concentraciones muy elevadas de este mineral.
Aunque estos casos son poco frecuentes, una ingesta excesiva puede provocar alteraciones tiroideas, sobre todo en personas con antecedentes de enfermedad tiroidea, mujeres embarazadas o lactantes y niños pequeños. Por ello, la suplementación debe realizarse siempre bajo supervisión profesional.
Un papel clave para los dietistas-nutricionistas
La Academia destaca el papel estratégico de los dietistas-nutricionistas en la prevención de los trastornos relacionados con el yodo. Estos profesionales pueden evaluar la ingesta total de este micronutriente, promover el consumo de alimentos ricos en yodo, fomentar el uso racional de sal yodada y mejorar la alfabetización alimentaria de la población.
Además, su participación resulta fundamental en la vigilancia nutricional de grupos de riesgo y en el diseño de políticas públicas orientadas a garantizar un adecuado estado nutricional de yodo en la población.
Un debate abierto sobre la yodación obligatoria
La Academia considera necesario reforzar las campañas de sensibilización sobre el uso de sal yodada y mejorar la disponibilidad de datos actualizados sobre el estado nutricional del yodo en España.
Asimismo, plantea la conveniencia de reabrir el debate sobre la obligatoriedad de la yodación de la sal, en línea con las recomendaciones internacionales, con el objetivo de garantizar una cobertura más equitativa y sostenida en el tiempo.
La institución concluye que la yodación de la sal, integrada en políticas nutricionales basadas en la evidencia científica, sigue siendo una herramienta fundamental para proteger la salud de la población y asegurar el desarrollo pleno de las generaciones presentes y futuras.


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