Con ayuda de Paula Serrano Prado, dietista-nutricionista especializada en pérdida de peso y patologías digestivas, responsable del departamento de Universidades de la Academia Española de Nutrición y Dietética y miembro de su Área de Comunicación, analizamos este trastorno relacionado con la imagen corporal.
¿La vigorexia qué es? Significado y antecedentes
La clasificación psiquiátrica la denomina dismorfia muscular pero popularmente se conoce como vigorexia a una forma de trastorno de la imagen corporal en el que la persona tiene una percepción distorsionada de su musculatura y se ve insuficientemente musculada, aunque objetivamente tenga una masa muscular normal o, incluso, muy desarrollada.
Etimológicamente, el término procede de vigor + el sufijo –orexia,que deriva de la palabra griega “órexis” que significa “deseo”, “apetito” o impulso hacia algo. El concepto adquirió relevancia por primera vez en los años noventa del siglo pasado, cuando la comunidad investigadora (en la que destacó psiquiatra estadounidense Harrison G. Pope Jr.) detectó un patrón entre determinados hombres que entrenaban intensamente con pesas. Pese a tener una musculatura considerable, seguían percibiéndose poco musculados.
Pope y sus colaboradores publicaron en 1997 un trabajo donde hablaban de “anorexia nerviosa inversa”, dado que observaron que, en lugar de verse gordo cuando estaba delgado, el individuo se veía pequeño cuando estaba musculado.
Síntomas y características de la vigorexia
Paula Serrano explica que los síntomas principales de la dismorfia muscular son: una distorsión de la imagen corporal y, en consecuencia, la compulsión por hacer excesivas rutinas de ejercicio -, llegando incluso a la lesión o a la fatiga extrema-, además de llevar una dieta estricta y desequilibrada centrada en proteínas, con restricción de grasas y carbohidratos.
Es característico de la vigorexia, según la experta, que aparezcan pensamientos obsesivos sobre el físico: “Se miran repetidamente al espejo, sienten insatisfacción crónica con el propio cuerpo a pesar del progreso, terminan en aislamiento social por priorizar el entrenamiento sobre otras actividades y sienten ansiedad o culpa si no entrenan o si se saltan una comida planificada”, explica.
Causas, factores de riesgo y prevalencia en grupos específicos: ¿Por qué aparece?
“Existe mucha presión estética promovida por las redes sociales, el cine, las series, la publicidad, las marcas de ropa, etc.”, apunta Serrano, que abunda: “A esto se suma muchas veces una baja autoestima, el perfeccionismo extremo, la ansiedad, la depresión o haber presentado experiencias de acoso o burlas en la infancia relacionadas con el físico”.
La presión social y el entorno del fitness.
No es ningún secreto que la cultura fitness está en auge. En este contexto, la presión social es innegable y, según explica la dietista-nutricionista, “tiene un papel central como desencadenante y mantenedor del trastorno. La cultura fitness promueve a través de los medios y las redes sociales un ideal de cuerpo musculado como símbolo de éxito, atractivo y disciplina”.
Esto puede empujar a perseguir una imagen corporal poco realista y difícil de mantener. Además, en el entorno de gimnasios y fisicoculturismo se refuerza en ocasiones conductas de riesgo mediante la competición, las comparaciones constantes y la normalización del uso de suplementos o sustancias para aumentar la masa muscular.
Vigorexia en hombres vs. vigorexia en mujeres: diferencias de género
Relata Paula Serrano que este es un trastorno que afecta principalmente a hombres, especialmente jóvenes y adultos jóvenes. Menos frecuente en mujeres, la vigorexia o dismorfia muscular puede manifestarse con miedo intenso a ganar grasa corporal, búsqueda de un cuerpo "tonificado" pero delgado, y mayor ansiedad social relacionada con la apariencia.
“Ambos padecen distorsión de la imagen corporal y conductas compulsivas, pero los ideales estéticos perseguidos difieren”, concluye la experta.
Consecuencias de la vigorexia extrema para la salud
Serrano las describe:
A nivel físico puede acarrear lesiones por sobre entrenamiento, problemas cardiovasculares (hipertensión, hipertrofia cardiaca, hipercolesterolemia), daño hepático y renal por exceso de ingesta de proteínas y uso de esteroides, alteraciones endocrino-metabólicas (disfunción eréctil, atrofia testicular, ginecomastia, alteraciones menstruales en mujeres), fatiga crónica, deshidratación y desnutrición por dietas desequilibradas.
A nivel psicológico, puede provocar aislamiento social, trastornos de ansiedad, depresión, irritabilidad extrema, adicción a sustancias (esteroides, suplementos) e, incluso, ideación suicida en casos severos. Ante cualquiera de estas señales, es imprescindible buscar ayuda profesional de forma inmediata.
Abordaje y tratamiento vigorexia
Como ocurre siempre en este tipo de trastornos, la persona que parece vigorexia puede mejorar si se trata con enfoque multidisciplinar que, como describe Paula Serrano, debe incluir psicología, medicina y nutrición:
“En la intervención nutricional se trabaja alimentarse de una manera saludable, pero sin rigidez, comiendo suficiente, sin pasar hambre y desmontando mitos o conductas heredadas de la cultura de la dieta.
Debe haber coordinación médica para evaluar daños físicos y reducción de riesgos en caso de haber un uso de anabólicos. Por supuesto, es fundamental hacer terapia psicológica para trabajar la aceptación corporal y la autoestima”, sentencia.

Preguntas Frecuentes (FAQs)
Las responde Paula Serrano:
¿Cuál sería un buen abordaje dietético-nutricional para tratar la vigorexia?
En la primera consulta se realiza una evaluación integral, se revisan las pruebas médicas aportadas y se valora la alimentación que se realiza en ese momento.
Después, en sucesivas consultas, se van negociando pequeños cambios para flexibilizar hábitos: entrenar un poco menos, salirse un día de la alimentación no saludable, ir a comer fuera de casa, etc.
A su vez, se van trabajando herramientas explicativas sobre composición corporal, recalcando que la grasa es imprescindible para la vida, que los hidratos de carbono son una fuente de energía esencial en todas las etapas de la vida, entre otros conceptos.
En las consultas de seguimiento se refuerzan los nuevos hábitos saludables, que deben ser flexibles y sostenibles en el tiempo.
“Lo ideal es que se acuda también al resto de especialidades médicas mencionadas y que todos ellos estén especializado en este tipo de trastornos ya que el proceso es mucho más efectivo y el tratamiento va a ser mucho más certero”, concluye Paula Serrano.
¿Cuál es el papel de los suplementos deportivos en la vigorexia?
Es habitual que las personas con vigorexia consuman complementos alimenticios deportivos como proteína en polvo, creatina o productos pre-entreno tipo barritas o geles de hidratos de carbono, pero no significa que por tomarlos se desarrolle el trastorno. Estos complementos, según el criterio experto de la dietista nutricionista, son seguros y tienen buena base científica, no obstante, para su elección es imprescindible que haya asesoramiento por parte de dietistas-nutricionistas expertos en nutrición deportiva.
Lo grave viene cuando se usan esteroides anabólicos y otras sustancias dopantes que aumentan la distorsión corporal y generan dependencia. Este consumo conlleva riesgos graves, como problemas cardíacos, hepáticos, hormonales, acné, caída del cabello, irritabilidad, disfunción eréctil, atrofia testicular, ginecomastia y mayor riesgo de cáncer de próstata.
¿Cómo influye la "vigorexia digital" en los jóvenes?
Las redes sociales (Instagram, TikTok, YouTube) han intensificado el fenómeno, especialmente en adolescentes y adultos jóvenes, cuya autoimagen está en formación mediante la exposición constante a cuerpos idealizados.
El contenido de influencers fitness que glorifica el entrenamiento extremo y las transformaciones corporales genera comparación compulsiva, normalización de conductas obsesivas y presión por alcanzar estándares irreales.
¿Es lo mismo la ortorexia que la vigorexia?
Ambos trastornos forman parte de un espectro más amplio de trastornos relacionados con la imagen corporal y la alimentación (como anorexia o bulimia) y pueden coexistir o solaparse en una misma persona.
En cuanto a las diferencias y similitudes, ambos implican conductas obsesivas relacionadas con la alimentación y el cuerpo que generan ansiedad, depresión, irritabilidad y aislamiento social. La diferencia es que en la vigorexia el foco está en la cantidad de músculo y la apariencia, mientras que en la ortorexia el foco está en la calidad de los alimentos y se manifiesta como una obsesión por comer restringiendo todos aquellosalimentos percibidos como poco sanos.
Paula Serrano. Responsable del departamento de Universidades y miembro del Área de Comunicación de la Academia Española de Nutrición y Dietética. Dietista-nutricionista clínica colegiada N.º MAD00863, graduada en la universidad San Pablo CEU. Máster en Nutrición Clínica en la Universidad Europea de Madrid. Especializada en pérdida de peso y patologías digestivas con diversas formaciones realizadas en la Academia, Experto Nutrición, ICNS, INSTITUTO NUTRIGENOMICA SL y CODINMA. Actualmente ejerce pasando consulta presencial y online en Alcalá de Henares, Madrid. Instagram @nutricionistaserrano
