Eliminar el exceso de líquidos y otros productos de desecho a través de la orina es un proceso natural que, en ocasiones, se ve interferido por alguna circunstancia externa o patología interna. Es entonces cuando entran en juego los alimentos diuréticos y, si no es suficiente, los fármacos diuréticos.
¿Qué son los diuréticos y para qué sirven?
Lo que en lenguaje coloquial es orinar, en nefrología se llama diuresis. Es el proceso fisiológico mediante el que los riñones producen y eliminan orina. Sucede de forma natural e involuntaria, y nos acompaña hasta el final de nuestros días, siempre que el riñón funcione. La diuresis es clave para mantener el equilibrio entre los líquidos y los electrolitos de nuestro cuerpo y contribuye a la eliminación de productos de desecho metabólicos.
La nefróloga Guillermina Barril Cuadrado, académica de Honor de la Academia Española de Nutrición y Dietética, explica que “la definición de diurético se refiere a toda sustancia que ayuda a eliminar el exceso de agua y sal retenida en el organismo a través de la orina”.
Factores que afectan a la diuresis
Un adulto sano registra unos valores de diuresis entre 800 y 2000 mililitros al día. Que esos valores registren una horquilla tan variable se explica por factores diversos, como la cantidad de líquido ingerido (es decir, si bebemos más o menos agua a lo largo del día), la actividad física o la temperatura exterior (sudamos más si hace calor), así como del funcionamiento adecuado del riñón
Existen, también, ciertas situaciones patológicas que pueden afectar a la diuresis. “Esa retención de agua y sal puede tener 3 orígenes, a veces relacionados: cardíaco, renal y hepático. Por eso es habitual prescribir diuréticos en pacientes con hipertensión arterial y de insuficiencia renal, sobre todo avanzada. También, en algunas patologías cardíacas y en enfermedades hepáticas”, señala la nefróloga.
¿Puede la dieta mejorar la diuresis?
Ciertos alimentos, por su contenido en agua o en sal, van a ayudar o a entorpecer la eliminación de ese exceso de líquidos. De hecho, es frecuente leer titulares donde se habla de alimentos que son ‘diuréticos naturales’ referidos a esos alimentos con alto contenido en líquidos y bajos en sal. Estos alimentos pueden ayudarnos a eliminar ese exceso de líquidos y favorecen el funcionamiento normal de nuestros riñones, pero nunca van a curar una patología que afecte a la diuresis.
En esos casos, será necesaria una ayuda farmacológica, en las dosis y posología que determine un nefrólogo. “Disponemos de diferentes tipos de fármacos diuréticos. Actúan a distintas localizaciones del riñón y son más o menos potentes, debiéndose ajustar las dosis y frecuencia según las características del paciente”, advierte Guillermina Barril Cuadrado.
Es importante recalcar que no se deben tomar diuréticos para adelgazar si no hay retención de líquidos, ya que solo contribuyen a la eliminación de líquidos y no de grasa corporal.
Posibles interacciones entre alimentos y fármacos
Los alimentos, por muy naturales que sean, tienen efectos a nivel fisiológico. Esto se explica porque contienen minerales, vitaminas u otras sustancias que afectan de maneras diversas a las distintas funciones de nuestros órganos. En una persona sana apenas es relevante, pero cuando tenemos alguna dolencia específica, el hecho de que la dieta interactúe con los medicamentos que tomamos para tratarla, puede suponer un problema.
Es lo que puede suceder cuando nos prescriben un fármaco para mejorar la diuresis y decidimos, por nuestra cuenta y riesgo, tomar tal infusión diurética que nos han dicho que va de maravilla. Ese ‘té diurético natural’ puede tener consecuencias imprevistas que compliquen la salud del paciente. “Siempre se debe consultar con el médico. Si se utiliza un diurético en forma de infusión o preparado con plantas naturales (cola de caballo, ortosifón, alcachofa) debe comentarse para evitar un efecto excesivo que lleve a la depleción de volumen, es decir, a orinar en exceso (poliuria). En especial, en el caso de que ya se estén tomando fármacos diuréticos, advierte la experta.
Para una persona sana, el dietista-nutricionista Ángel Nogueira señala que “lo importante es seguir una dieta mediterránea equilibrada, sin exceso de alimentos con posible efecto diurético. Sobre todo, en aquellas personas que por alguna causa presente poliuria, es decir, que la diuresis sea superior a lo que beba, habrá que tomarlos con moderación”.
Cuándo tomar también sales de potasio
El potasio es uno de los minerales electrólitos (es decir, con carga eléctrica) presentes en la sangre y otros líquidos corporales. Abunda en las frutas y hortalizas frescas, en general, pero, especialmente, en las de hoja verde. También, en las legumbres, los tubérculos y los frutos secos y semillas oleaginosas. Entre otras funciones, este mineral favorece la eliminación del sodio a través de la orina. Al reducirse el volumen de líquidos acumulados en el cuerpo, también contribuye a mantener la presión arterial en niveles normales. Es lo que explica que se prescriban si es necesario fármacos diuréticos para la hipertensión y, en algunos casos, puede necesitarse suplementos de potasio.
Cuando hay una insuficiencia renal, el nefrólogo generalmente contraindica sales de potasio, ya que tiende a retenerse. “En general, con la dieta pueden equilibrarse las necesidades de potasio, siempre que esa dieta sea rica en hortalizas y frutas frescas. Sin embargo, en algunos casos, si el potasio está bajo y la insuficiencia renal es leve, podría suplementarse potasio de forma estricta y en la cantidad necesaria”, explica Guillermina Barril Cuadrado.
¿No se podrían alcanzar las dosis de potasio solo con la dieta? El problema de intentar atajar con alimentos ‘diuréticos’ una insuficiencia renal es que resulta imposible precisar la cantidad exacta de potasio que ingiere el paciente, ya que los alimentos, precisamente por su origen natural, presentan una cantidad variable de minerales según el tamaño de la ración, o el tipo de alimento. “Por eso se prefiere prescribir un suplemento de potasio en los casos poco frecuentes de tener niveles de potasio bajos. Nos permite controlar la cantidad exacta que toma el paciente”, señala la nefróloga.
Alimentos diuréticos
Aunque clásicamente se consideran alimentos ricos en potasio las frutas y hortalizas, no todas tienen la misma concentración de potasio. “Por el contrario, las carnes y el pescado sobre el papel tienen menos potasio, pero con una mayor biodisponibilidad”, apunta Ángel Nogueira.
Si no hay problema renal, el mejor diurético es el agua aportada a partir del agua de bebida.
Frutas
Se recomiendan las que tengan mayor contenido en agua: sandia, melón, pera y los cítricos, en general. A este grupo se suman el plátano, el aguacate, el albaricoque o las uvas. “En aquellos casos de enfermedad renal crónica, si el potasio es mayor de 5 se restringirán las frutas con mayor contenido de potasio. Si hay oliguria (disminución de la producción de orina), se ajustarán dosis y frecuencia”, matiza la experta.
Hortalizas
Destacan estas otras: las verduras (hortalizas de hoja – acelgas, espinacas, col, etc.), las setas en general, apio, alcachofa, calabaza, remolacha, y tomate.
Legumbres y frutos secos
Todas las legumbres, en general, son fuente natural de potasio, en especial, las alubias y los garbanzos, aunque se pierde parte en la cocción. Al igual que todos los frutos secos, destacando los pistachos.
Consejos básicos de dietista-nutricionista para mejorar la diuresis
Hidratación
Mantener una hidratación adecuada ayuda a prevenir el edema al estimular el funcionamiento de los riñones facilitando la eliminación de líquidos por la orina.
El agua de bebida debe ser la principal fuente de hidratación, que puede complementarse con infusiones, sopas, etc., evitando las bebidas alcohólicas y las azucaradas.
Reducir la sal
Como el objetivo es no retener agua, “el primer factor que implementamos es una dieta baja en sal”, explica el dietista-nutricionista. Apunta varios ‘trucos’ para evitarla.
- Limitar el consumo de los alimentos altos en sal, como los encurtidos (aceitunas, pepinillos…), conservas (elegir reducidas en sal), carnes procesadas, como fiambres y embutidos, alimentos precocinados, aperitivos de bolsa, etc.
- Evitar los sazonadores industriales y los caldos de verduras en cubitos, que suelen llevar bastante sal
- Reducir la sal que usamos al preparar y cocinar los alimentos
- No añadir sal de mesa
Asegurar fuentes alimentarias de potasio
- Al menos 5 raciones diarias entre frutas y hortalizas (sobre todo, de hoja verde)
- Al menos 4 raciones de legumbres a la semana
- Frutos secos sin sal casi a diario
- Tubérculos varias veces a la semana (patata, boniato)
En caso de enfermedad renal deberá ajustarse el aporte diario de potasio.
Alimentos que debemos evitar si hay retención de líquidos
Tanto en aquellos casos en los que una persona nota hinchazón en los tobillos, como en mujeres en edad fértil durante el periodo premenstrual en los que es más habitual retener líquidos, se aconseja vigilar la dieta para aliviar esa sintomatología.
“El consejo es sencillo: evitar los alimentos ricos en sal, asegurar las fuentes de potasio, tener un buen estado de hidratación y seguir un estilo de vida activo. Aunque, si los síntomas son relevantes, lo más importante es valorar la causa que produce la retención y tratarla de forma terapéutica”, concluyen.
El Consejo de ALDI
Ante cualquier cambio anómalo en tu cuerpo, consulta con tu médico. No te automediques, ni busques alimentos milagro para resolverlo.
Guillermina Barril. Doctora en Medicina por la Universidad Autónoma de Madrid. Residencia en Nefrología en el Hospital General Gregorio Marañón de Madrid. Adjunto, Jefa de sección y Responsable de Servicio de Nefrología (4 años) en el Hospital Universitario de la Princesa de Madrid Profesora asociada de la UAM. Mas de 130 publicaciones en Revistas Nacionales e internacionales. Más de 450 presentaciones a congresos nacionales e internacionales. Desde el año 2000 ha desarrollado la línea de Nefronutrición en el Hospital Universitario de la Princesa. En la actualidad, pese a estar jubilada de la Sanidad Pública , sigue estos trabajos en la Fundación Investigaciones Biomédicas de Madrid y perteneciendo al Instituto de Investigación del Hospital de la Princesa. Es Académica de Honor en la Academia Española de Nutrición y Dietética.
