Es habitual que en una analítica general, un chequeo o en revisiones médicas periódicas de adultos, se solicite la medición de las transaminasas, además de otros parámetros como la glucosa, el colesterol o la hemoglobina.
De hecho, seguro que la mayoría de nuestros lectores saben que índices altos de transaminasas pueden indicar problemas de salud más o menos graves, generalmente relacionados con problemas hepáticos. Lo que probablemente no sepan es qué alcance tiene o qué consecuencias puede acarrear.
En este post vamos a tratar de dejar claro qué son las transaminasas, cuándo hay que vigilarlas y prestarles más atención y si es posible controlarlas de forma segura. Y para ello vamos a contar con la ayuda de Juan Antonio Latorre, dietista-nutricionista en A Coruña y Académico de Número de la Academia Española de Nutrición y Dietética.
¿Qué son las transaminasas (ALT/GPT y AST/GOT)?
“Son enzimas intracelulares, de naturaleza proteica que actúan como catalizadores biológicos en múltiples reacciones metabólicas, participan en el metabolismo de las proteínas, carbohidratos y grasas, en la síntesis y degradación de compuestos nitrogenados y en los mecanismos de desintoxicación de fármacos y toxinas”, afirma el experto.
Las transaminasas están presentes en otros tejidos como el músculo esquelético o el riñón, pero es especialmente importante la relación que tiene con el hígado, en concreto la tipo ALT (también llamada GPT), porque se concentra más en este órgano que en el resto de los tejidos y puede ser un marcador específico de daño hepatocelular.
¿Qué significa tener las transaminasas altas?
Significa que puede haber daño celular especialmente por daño hepático, si se trata de transaminasas tipo ALT. Esto puede conllevar consecuencias que varían según la causa y la persistencia en el tiempo.
“Elevaciones leves y transitorias son muy comunes y no suelen tener consecuencias clínicas. Sin embargo, elevaciones altas y/o persistentes pueden reflejar enfermedades hepáticas que requieren seguimiento”, indica el dietista-nutricionista.
Valores normales y cómo interpretarlos sin asustarse
No hay una respuesta única a esta pregunta porque, tal y como indica el experto, “los intervalos de referencia no son universales, dependen del método analítico y del laboratorio. Para la interpretación correcta puede usarse el rango de referencia específico que aparece en el propio informe del laboratorio”.
En cualquier caso, Latorre afirma que valores normales para hombres están por debajo de 40-50 U/L; y para mujeres suelen ser inferiores a 35 U/L.
¿Cuándo preocuparse? y que hacer
“Cuando la elevación es inferior a dos o tres veces el límite superior de la normalidad, se trata de un hallazgo relativamente frecuente y, si no persiste en controles posteriores, a menudo se normaliza al corregir el factor desencadenante”.
Por el contrario, si la subida es muy alta o persistente en el tiempo requiere evaluación médica urgente.
Causas frecuentes de tener las transaminasas altas
La causa más común o factor desencadenante es lo que se llama enfermedad hepática esteatósicaasociada a disfunción metabólica (MASLD) o, dicho de otro modo, “acumulación de grasa extra en las células hepáticas no causada por el alcohol relacionada con el síndrome metabólico, la obesidad y la resistencia a la insulina”.
Otras causas frecuentes son el consumo de alcohol, hepatitis virales o autoinmune, medicamentos y suplementos hepatotóxicos o ejercicio físico intenso.
Síntomas de tener las transaminasas altas
Una de las dificultades de tener las transaminasas altas es, precisamente, que “con frecuencia cursan sin síntomas, y si aparecen se debe a la enfermedad que las está causando”, afirma Latorre.
En cualquier caso, el experto señala como síntomas más habituales el cansancio o la sensación de fatiga, las molestias en la zona derecha del abdomen y, en fases avanzadas, la coloración amarillenta de piel y ojos (ictericia).
Cómo se estudian las transaminasas
“La evaluación de una elevación de transaminasas se plantea de forma escalonada. El primer paso es confirmar la alteración repitiendo la analítica y ampliando el perfil hepático para definir el patrón de afectación”, explica el experto, para quien la historia clínica detallada es una parte esencial del estudio de cara al diagnóstico.
Es importante que en la historia se revise de forma específica el consumo de alcohol, el uso de fármacos y suplementos, los antecedentes de infecciones y la presencia de factores metabólicos como sobrepeso, diabetes o dislipemia. “A partir de estos datos se solicitan pruebas selectivas, como estudios virales u otros análisis específicos, y con mucha frecuencia se incorpora ecografía hepática como prueba de imagen inicial, especialmente cuando la alteración persiste o existen datos clínicos que sugieren afectación estructural”, aclara.
Cómo bajar las transaminasas altas de forma segura (paso a paso)
La medicación es clave, pero también es importante tener en cuenta lo que indiquen otras pruebas diagnósticas.
¿Qué medicamentos se usan y que médico los pueden los pautar?
El tratamiento no se dirige a normalizar la cifra analítica de forma aislada, sino a corregir la causa que está produciendo la lesión hepática: eliminar el alcohol, ajustar o suprimir fármacos hepatotóxicos o controlar diabetes, hipertensión, dislipemia y peso.
Por otro lado, la medicación varía según la causa, desde tratamientos antivirales específicos a fármacos inmunosupresores, controladores de diabetes, obesidad y dislipemias…
Esta medicación puede ser prescrita por médicos de atención primaria, especialistas en aparato digestivo, en medicina interna o endocrinología según el contexto clínico.
¿Se hacen otras pruebas en caso de que las transaminasas estén altas?
En función de la causa sospechada y del patrón de elevación de las enzimas hepáticas, es habitual incorporar pruebas de imagen para visualizar el estado del hígado. La biopsia hepática se reserva para casos seleccionados en los que persisten dudas diagnósticas o es necesario precisar el grado de fibrosis.
Alimentación para transaminasas altas: qué priorizar y qué limitar
Al igual que sucede con la medicación, la alimentación a priorizar o restringir depende de la causa. Por ejemplo, “en la esteatosis hepática asociada a disfunción metabólica, la intervención dietética constituye un componente terapéutico central. La mejora de la calidad de la dieta se asocia a la reducción de la grasa hepática, mejoría de la sensibilidad a la insulina y disminución de la inflamación metabólica, con descensos clínicamente relevantes de ALT y AST y, con frecuencia, normalización progresiva de los valores”.
Por eso, en la valoración inicial se debe integrar el estado nutricional del paciente, pero también los hábitos dietéticos, el nivel de actividad física y el consumo de alcohol.
“Un patrón de alimentación tipo mediterráneo, que priorice hortalizas (base del plato), la fruta entera, las legumbres, los cereales integrales, el aceite de oliva, el pescado y los frutos secos, se relaciona con menor acumulación de grasa en el hígado y mejor salud cardiometabólica. La ingesta adecuada de proteínas de buena calidad como las legumbres, pescados, huevos y carnes magras también desempeña un papel relevante, ya que contribuye a preservar la masa muscular y a mejorar el metabolismo hepático, especialmente en personas con resistencia a la insulina. El consumo moderado de café (2-3 tazas/día) se asocia a menores niveles de ALT y menor riesgo de fibrosis”, concluye Latorre.
En cuanto a los alimentos a restringir, el experto incide en la reducción de:
- Azúcares añadidos, especialmente de fructosa,
- Harinas refinadas
- Productos ultraprocesados
- Alimentos con grasas trans industriales y grasas saturadas
El Consejo de ALDI
Cuida tu hígado con una alimentación saludable que asegure las hortalizas, frutas, legumbres y cereales integrales. Evita el alcohol y mantén un peso saludable.
Juan A. Latorre. Académico de número en la Academia Española de Nutrición y Dietética. Graduado en Nutrición Humana y Dietética por la Universidad San Pablo- CEU. Es doctor en Farmacia Cum Laude por la Universidad de Valencia y máster en Ciencia e Ingeniería de los Alimentos por la Universidad Politécnica de Valencia. Es profesor adjunto en la Universidad Isabel I en el Grado de Nutrición Humana y Dietética. Además tiene consulta en centro privado de nutrición en A Coruña y es colaborador en la consulta multidisciplinar de Consello Dietético en el Servicio de Nefrología del Hospital da Costa de Burela.
